Tengo un problema

Que no me callo ni debajo del agua es ya vox populi, pero lo que no lo es tanto, es mi obsesión con las manualidades. Llevo tiempo queriendo hablaros de este grave problema que a mí me quita tiempo de estudiar y ser productiva; pero que más daño les hace a mis padres, hermano y en general cualquier persona que conviva conmigo. Porque…

– ¿Me explicas por qué llevas dos semanas llenando tu habitación de barquitos de papel; tu pelo de trozos de pintura acrílica; y has reducido el paquete de algodón a la mitad?
– Es que si el frontal azul de un escritorio está vacío y aburrido, me siento en la obligación de darle amor en forma de barquitos de papel pintado, enganchados con hilo a nubes de algodón que camuflan las chinchetas ¿tú no?

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– ¿De quién es la torre de libros del suelo del pasillo?
– Es que estoy prensando tréboles de cuatro hojas para hacer separadores.

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– ¿De quién es la torre de papelitos pinocho que el viento ha hecho volar por la casa?
– Es que estoy cubriendo con ellos un bote de cristal para hacer una lámpara-calabaza para Halloween

– ¿Por qué acumulas briks de leche y cajas de cereales en tu cuarto?
– Es que voy a hacer cocodrilas de materiales reciclados

10463795_10204376737723531_503173116895427773_o– Tu habitación huele a pintura que marea, te vas a intoxicar ¿qué haces pintando esa caja de plateado?
– Es que voy a hacer un robot con una abertura en la boca para que los niños lo usen de buzón

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Y así podría seguir con los materiales para una piñata, las chapas para un joyero, los envoltorios de chicles 5 de diversos sabores sin propósito – aún – y un larguísimo etcétera. Tengo más peligro en una tienda de manualidades o una papelería, que un elefante en una tienda de cerámicas. Y el famoso mejunje Art-Attack que ocupó nuestras mañanas de infancia gracias a Jordi Cruz; me resulta más familiar ya que el Cola-cao
Y es que si yo quiero a alguien, normalmente soy mucho más feliz regalándole algo hecho por mí. Porque comprar cosas lo sabemos hacer todos. En cambio, echar horas con las manos pegajosas de cola blanca, los ojos borrosos de los químicos de la pintura y el pelo lleno de papelitos; es algo que aunque todo el mundo puede hacer, poca gente realmente hace. Es una forma de decir “oye, que he puesto la casa patas arriba y me he manchado mi pijama favorito de pintura acrílica. Pero no pasa nada si te gusta el resultado de todo ello”.

Es la gente loca la que hace estas cosas. Y también la que las aprecia. Pero es mi clase de gente favorita. Por eso, cuando encuentro alguno de los dos tipos, entiendo que todas esas preguntas que he escrito al principio también se las han hecho a ellxs o han recibido algo de alguien a quien se las han hecho. Y me siento más a gusto a su lado. Y aún digo más: no podría estar con alguien que no apreciase estas cosas. Alguien a quien no le guste la gente loca, que le da más valor a un collar de diamantes que a uno de macarrones.

¡Gracias por leerme!

ANEXO: web de donde ha salido la lámpara de Halloween: http://www.redtedart.com/2011/10/20/quick-craft-post-halloween-lanterns-vlog/
Y agradezco enormemente a Lorena Chamorro su idea de camuflar las chinchetas con nubes de algodón. Y a Pedro Rodríguez la foto de los barquitos y que los aprecie

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