Reflexiones de vacaciones

Semana Santa de 2010

Es gracioso. Si tuviera Internet no estaría escribiendo esto; pero aquí, en este páramo de tedio y libertad encadenada a una mesa de estudio – con grilletes oxidados, todo hay que decirlo – no me queda más remedio que encender el ordenador y ponerme a utilizar el abandonado Word. Esto es genial: vienen a mi casa los Femenía y los Calderón (cuyos miembros varones tienen un parecido más inminente cada vez que vuelvo a fijarme) y lo único que hacen es discutir sobre si la agrupación del PSOE de La Adrada está abandonada o es que la han instalado hace poco. Uy! Qué insolencia quitarme mi bolsa de patatas. Estos adultos arbitrarios…Pobre mosquito que ahora observo, parece casi tan aburrido como yo. Paréceme esto que ahora escribo similar a alguno de los movimientos literarios que estudiaba minutos ha; antes de que mi concentración se viera reducida a un amasijo de estrés y vagancia irreductible. Me gusta esa broma que dice así:  – Mi padre era joyero

– Ah ¿si?

– Sí. Hacía “joyos”

Bueno, tras esta breve pausa para cenar una ingente cantidad de producto cárnico entre pan y pan; me dispongo a continuar con este texto… llamémoslo “reflexivo”, aunque no esté reflexionando más allá del curioso hecho de que aquel mosquito mencionado nueve renglones atrás no murió de tedio finalmente. Prefiere, sin embargo, revolotear delante de mi nariz como diciendo “¿me vas a aplastar, eh? Venga venga, atrévete”. Y eso que le he incluido en este ensayo de texto reflexivo, ¡Qué insolencia y descaro! Cabe la posibilidad de que simplemente se vea atraído por la luz de mi pantalla; pero como este es un texto “reflexivo”, dejémoslo y continuemos. Las conversaciones adultas me siguen sorprendiendo por su banalidad. No negaré que el universo de los cargadores universales es ciertamente fascinante, pero no me parece ético hablar de ello en la mesa. Se habrían de exigir unos modos y unas maneras en los que no tendría cabida el cable con una pequeña, mas útil, entrada compatible con el puerto de mismo apellido, como no tienen tampoco cabida en la mesa otro tipo de cables y puertos de naturaleza más biológica. Es, en efecto,  un asunto preocupante este de las conversaciones en la mesa.

En otro orden de cosas, me encanta esta canción que estoy escuchando, bueno, oyendo ahora. ¡Vaya por Dios, se ha acabado! No hay problema alguno, me sigue gustando. Y ahora, a salir por el pueblo con compañeros de “parranda” de dudosa lealtad, pero indudable apego al alcohol y al derroche de “argent de pôche” que hace que parezca que el monedero tiene colitis (citando a Quino en una de sus tiras de Mafalda, de vaya usted a saber hace cuanto tiempo que dibujó).

Me encanta este texto, pero no debería alargarlo más, ya que me veo en peligro de que mis padres no quieran leerlo, siendo así sustituido en su siesta o tiempo libre por un artículo de Elvira Lindo o un sudoku, mismamente. Además, esto comienza a parecerse a un artículo de Larra. Y ni por todo el oro del mundo querría yo eso. Vamos, faltaría más.

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