Next stop: Cantoblanco

“A lo mejor llego a la hora indicada”, pensó. Sus diminutos ojos azules recorrían unquietos el aeropuerto. Apretó el grueso libro de “Leaves of Grass” contra su estómago, creyendo que así dejaría de sentir el café con galletas dando saltos en su interior. ¿Había viajado alguna vez en avión? Jamás. Era una situación inquietante, pues nadie había sabido explicarle la sensación que produce el despegue. “Es…como cuando te enamoras” le había dicho su mejor amigo. Él respondió que no tenía ni idea de cuál era esa sensación. Le respondió mirándole a los ojos y con expresión seria. En efecto. Muy a su pesar era un sujeto profundo pero frío. “Como el océano, eres como el océano”, le había dicho un día la que fué su novia durante un breve período de tiempo. Ella no se tomó demasiado bien el no poder entenderle, el no poder desgranar su mente como hacía con los demás; pero se resignó. [….] decidió que no quería enamorarse jamás en cuanto llevaba diez minutos en el aire y ya podía pensar con claridad. 

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