Encarna

Septiembre del 2013

– Es que esta mañana estaba hablando con Encarna y…
– ¿Encarna? ¿Quién es?

¡Mierda! Ya vuelve a ocurrir. Esa pregunta de la segunda línea me la han hecho tantas personas que he perdido la cuenta.

Pero claro ¿cómo explicarles quién es Encarna? Repasemos: no puedo decir que es la muchacha porque su muchacha va por dentro; y las arruguillas y los ojos cansados las tapan. No puedo decir que sea la mujer que trabaja en mi casa aunque últimamente es del que más tiro, por desgracia. Ni por asomo se me ocurriría pronunciar asistenta, lo considero básicamente una ofensa, tratándose de ella. Y tampoco puedo decir que sea alguien de la familia, porque técnicamente no lo es, pero lleva el mismo tiempo con nosotros que uno de sus miembros.

De pequeña era mucho más fácil, porque podía decir cuidadora… pero claro, si lo digo ahora la gente me mira como buscando un pañal sobresaliendo por el pantalón…

Así que mira, siempre que tengo tiempo les explico todo lo que sí sé que es.

Nunca se anda con tonterías, las cosas sinceras y las verdades por delante. Vamos, que si te tiene que decir que eres gilipollas, te lo dice tan a gusto. Pero siempre tiene sus razones, ojo. Soporta mis monólogos a voz en grito todas las mañanas con una paciencia del carajo. Yo personalmente, ya me habría puesto una mordaza. Te echa la bronca como una madre, y creo que en mis últimos cinco años de vida es la única a la que se le ha ocurrido que no era suficientemente mayor para recibir castigos. Sí, me estoy refiriendo a la notita que me mandó escribir 20 veces “no tiraré los discos de algodón al váter”. Me lo tenía merecido.

En otro orden de cosas, aún me pregunto cómo no se me ha desencajado la mandíbula de reírme con ella algunas mañanas. Ya sea porque pone en evidencia mis ridiculeces, porque los horóscopos de las revistas son una fuente inagotable de paridas o porque hace algún comentario sobre la actualidad del palo “Si le doliera al presidente los cojones lo mismo que a mí la espalda esta mañana, se le iban a quitar las ganas de hacer tantas gilipolleces”… y así. Tengo que buscar la forma de que se haga video blogger. Es que barría hasta a la gitana Glozell. Sí, la del Wassabi Shálen, ésa.

Es de las personas más fuertes que conozco. Los tiene mejor puestos que todos mis novios juntos (chssss calla, no digas cuántos he tenido que me ha quedado muy femme fatale). Me hace pequeñita, me hace sentir como una cría cuando le cuento mis mil cuitas y luego ella me cuenta dos o tres de las suyas. Y claro, no hay color. Bueno, solo con soportar el olor de la habitación de mi hermano pequeño día tras día; y conseguir que mi cama vuelva a parecer tal cosa cada mañana sin haber dimitido, ya debería tener algún altarito. Debería preguntar si manipular tal endemoniado bicho con ese salero te da créditos de primero de ingeniería aeroespacial.

De la cocina mejor ni hablo. Hacía mucho tiempo que no me comía con ganas un cocido de casa, hasta que mi madre le encargó a ella que lo hiciese un día. Le faltaban las garbanzas y la sopa, pero eso no es cosa suya. Es simplemente una batalla perdida de ambas contra mi madre. Aunque con las lentejas y las judías, lo siento pero no tienes nada que hacer conmigo, amiga.

¡Ah! Porque esa es otra, debe tener más secretos guardados entre los de mi hermano y los míos, que la cabinita de un confesionario. La diferencia es que Encarna no te manda rezar Ave Marías, sino todo lo que sepas para que mi padre no se entere.

Y que yo sepa, es la única persona aparte de mi madre y mi abuela, a la que mi padre no se atreve a toserle. ¡OLÉ!

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