Ella

Te pregunta alrededor de ocho veces – de media – si has desayunado. Se sabe la alineación del Granada F.C. de 1959; y la ha escuchado toda una generación de primos tal cantidad de veces que me sorprende que los más mayores no se la sepan ya de carrerilla. Canta marchas militares cada vez que escucha “izquierda” o “derecha”. Y siempre ha tenido la piel de los brazos muy blandita. Imagino que no siempre estuvo así, pero yo no me la puedo imaginar de otra forma. El tiempo que nos hemos podido pasar los pequeños de la familia toqueteándola… ¡ay! Hasta que se hartaba y te decía que le estaba dando fiebre. Entonces le poníamos la mano en la frente y nos pegaba un susto intentando morderla. Nos pasábamos tanto rato luchando por respirar entre el carcajadas que dejábamos sus brazos tranquilos el resto de la tarde.
Por último, pero no por ello menos importante, se ha de citar su amistad con el hada. El hada es un personaje que podía – y aún puede – traerte caramelos y levarse tu tirachinas de una sola vez. Estos atributos y muchos otros que no cito para no aburriros más, se le atribuyen a una mujer que lleva ochenta años cumpliendo dieciocho. Y nadie se ha atrevido a llevarle la contraria en esto: la ABUELA – Ah ¿con mayúsculas? Sí sí, faltaba más -.
Tranquilo querido lector, ella no va a leer este artículo. Le he escondido las gafas bajo un pliegue de su blanda frente, no las encontrará en un buen rato.

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