El Patio

Julio del 2012

Un patio de vecinos de un barrio cualquiera. Feo, sucio y silencioso. La paz que transmite se ve interrumpida por un maullido lastimero y por el roce de las cuerdas de tender. Ese roce como un violonchelo sin caja, como el frú-frú de una falda con demasiada tela.

Las palabras fluyen en la mente con una voz masculina que las narra. Suele pasar a veces que, cuanto más se alejan de ti los hombres en la vida real, más se acercan a tu imaginación.

Volviendo a nuestro patio, el calor que desprenden sus muros no es ni siquiera similar al de una hoguera. Es un calor que huele a perro mojado, a lejía y a niño con churretes. Te abraza y te envuelve hasta que tus labios se agrietan, tu lengua besa el paladar, y tus manos desean sumergirse en la ropa recien lavada y aun fría. Esa misma que espera paciente a romper el silencio, con tus dedos como cómplices.

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