Miau

Yo era libre como mis versos
Visceral como los buenos besos
Y así sin avisar te colaste en mi habitación
en mi vida
Lo hiciste suave y lentamente
Como temiendo hacer ruido
Como un pincel a lomos de un caracol valiente
Yo habría querido un caballo de Atila,
una guitarra con las cuerdas desgarradas,
como la voz del alma que se las follaba
Pero me dí cuenta de lo bonito que era dibujar
dibujar sin lapiceros, que pinchan
sin rotuladores, que traspasan el folio
con pinceles y acuarelas, como los niños chicos.
Y como los caracoles no me gustaban,
te bajé de tu insulsa montura,
aceleré tu mundo de porcelana
y rompí un par de platos.
Y ambos sin montura
nos turnábamos en fingir
que uno era la del otro
Y ambos sin tela tras la que esconderse
buscamos el arropo en la piel ajena.
Se me escapó un ¡Coño, carne fresca!
Y me olvidé de la guitarra que antes quería,
de las cuerdas rotas
y del músico que las desvirgó.
Usé pegamento para arreglar los platos que rompí
Y te devolví tu montura, deseando no obstante,
que no quisieras usarla en mucho tiempo.
Porque a quien dejé entrar en mi cuarto
fue al domador de caracoles valientes
con su mundo de porcelana intacta.
Y a mí cada vez me gustaba más pintar
con el pincel de tus vaivenes
Lo único que no te devolví fueron tus telas.
Porque mi piel necesitaba refugio,
y mi cabeza una inspiración.

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